domingo, 6 de septiembre de 2015

Y entonces te ruego amor

A veces la soledad es tan grande que no puedo evitar sentirme abandonada... Desamparada... Completamente marchita...

Y es entonces cuando pierdo toda mi dignidad y te ruego que vengas.

Es entonces cuando caigo y te pido uno de esos sustitutos de amor. Ese placebo, ese amor barato que dista mucho del amor de verdad. Ese amor que sólo es físico...

Ese para el que basta con abrir mis piernas y atraer tu boca a mi escote, oculto apenas por un trozo de tela.

Ese amor que sólo me regala el calor que emite su piel pero nunca el de su corazón.

Ese amor de caderas que se encuentran en la oscuridad al abrazo de unas piernas.
Ese amor de lengua que recorre los recovecos olvidados de mi figura.
Ese amor de dientes que se cierran en mi cuello y de uñas que recorren mis muslos y mi cintura.
Ese amor de unas manos que, sin permiso, se cuelan bajo mi falda para finalmente desembocar en mi sexo.
Ese falso amor que me besa los pechos y me hace olvidar por un momento.
Ese amor... Ese amor que me hace suya pero se olvida de mirarme a los ojos y besarme los labios...
Ese amor que al concluir se exonera con susurrarme al oído un "Te quiero"...

Ese es el único amor que me puedes dar.

Sólo eso y nada más.