Cuando te hieren incontables veces de la misma manera, con la misma arma, con la misma mano... Llega un punto en que ya no sientes de manera natural.
Llega un punto en que te duelen todos los golpes acumulados, pero así mismo, la herida no es tan profunda como las primeras veces.
Y si cada vez, esa afrenta viene acompañada de una disculpa. La disculpa pierde credibilidad con cada vez. La disculpa se convierte sólo en un sonido sin significado. Es sólo un montón de ruido que ya no dice nada
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