Heme aquí, despierta a las 3:54 pero no sólo porque esté utilizando la computadora, no. La razón por la que espero es porque estoy hablando con esa persona que ya no me adora, con esa persona que tantas veces me plantó y que dejó de demostrarme amor de la noche a la mañana.
¿Por qué? No lo sé, simplemente no puedo decirle que no a ese hombre. Puedo no buscarlo, puedo ignorarlo, puedo tratar de ser fría. Pero si me habla, si me sonríe, si me mira... Si me trata bien, vuelvo a hablarle normal. Vuelvo a decirle que lo quiero, aunque ahora sólo si lo dice él primero.
Es una persona única en mi vida a la que es, quizá, imposible negarle algo.
Y sé que no es sano. Y sé que debería dejarlo salir de mi vida para poder avanzar y no cargar con este equipaje... Pero es que simplemente no lo logro.
Lo mejor que puedo hacer es esperar que el tiempo se lo lleve y lo deje como un recuerdo feliz. Como una persona con quien perdí contacto pero no por una pelea o algo triste, sino porque la vida así lo decidió.
Y sé que buscamos rumbos distintos, y sé que entre más quiera verlo, más lejos estará de mí... Sé que si ahora me es imposible alcanzarlo si él mismo no se pone frente a mí... En el futuro llegará un momento en que por más que estire mi mano, mis dedos simplemente no lograrán rozarlo.
Es mi innegable pero no porque no pueda negarlo, que es cierto, no puedo... Sino porque no puedo negarle nada. Si me habla de manera que parezca apreciarme, yo no puedo decirle que no. Yo no puedo dormir así nadamás y dejarlo hablando solo. Yo no puedo verlo y no querer abrazarlo y besar su rostro. Yo no puedo evitar ahogar la costumbre de darle un beso en la frente al despedirnos y decirle "buenas noches..." aunque sean las diez de la mañana.
Y estoy aquí, sabiendo que ya debe estar durmiendo, pues no ha contestado. Estoy aquí, esperando por si despierta y me desea que pase una buena noche y tenga dulces sueños. Esperando que me mande un abrazo para poder dormir cómoda pensando que alguien allá afuera desea que mi sueño sea perfecto.
De vez en cuando hay que sacar nuestros demonios para evitar que nos consuman por dentro
domingo, 30 de junio de 2013
jueves, 20 de junio de 2013
Antes de dormir
Apagó la luz y se recostó en la oscuridad con la ventana abierta, preparándose así para dormir. Frías y diminutas gotas de lluvia caían en sus pies ocasionalmente como pequeños alfileres, pero eso no le molestaba. En realidad no quería cerrar la ventana. Amaba la brisa suave, amaba la lluvia fría que contrastaba con el calor insoportable del verano y amaba también, por qué no, los rugidos que producían las nubes al chocar entre sí.
No tenía sueño ni creía poder dormir, así que se quedó con los ojos abiertos en la oscuridad, tratando de encontrar formas nuevas en lo que eran sus alrededores ya conocidos pero que a la débil luz de la luna cambiaban y se transformaban en otros fantásticos. Buscaba algo con qué crear una historia. Siempre pensaba que sería genial dormirse inventando una aventura para dejar que su cerebro ya dormido, y por lo tanto sin límites, la continuara de manera extraordinaria, como ella nunca podría hacer estando despierta. No obstante, sabía que de suceder aquello, al despertar no recordaría nada y nunca podría comprobar si realmente alguna vez tuvo tan plácido sueño.
Cerró los ojos y se concentró en el sonido de la lluvia cayendo y golpeando su techo, se preguntó qué diría este si pudiera hablar. Seguramente protestaría por tener que quedarse cubriendo el sol, la lluvia, el granizo, la nieve... Aunque por otro lado ¿Y si al tejado le gustara su trabajo? ¿Y si le encantara poder sentir la caricia de los primeros rayos del amanecer? ¿Y si se burlaba de ella por no poder dormir bajo las gotas cristalinas que rara vez el cielo les ofrecía? ¿Qué tal si el techo estuviera enamorado del cielo nocturno y por cada una de las estrellas que hay ofreciera un suspiro ilusionado? Y el techo, si tuviera conciencia ¿Bostezaría y se estiraría también cada mañana como ella?
Imaginó entonces un techo con cuatro pilares en sus vértices. Lo imaginó estirándose como un gato que arquea el lomo. Lo imaginó emitiendo un bostezo y después volviendo a relajarse para dormir sostenido por las paredes.
De pronto notó que las gotas de lluvia dejaban de caer y ese sonido tan relajante de las gotas golpeteándolo todo, disminuía de volumen. Sintió lástima por la noche, y la imaginó como una mujer con un vestido negro y largo lleno de pequeños diamantes, que se baja de un hermoso carruaje antiguo al volver a casa luego de una maravillosa velada para simplemente reincorporarse a su vida cotidiana sin ningún tipo de emoción ni romance. Pobre noche, tan bella y tan menospreciada, pues la gente la desperdiciaba durmiendo y no admiraban su belleza ni respiraban el aroma de su perfume. Un aroma que contenía las más deliciosas y fragantes flores mezcladas con una inmensa melancolía. Y es que la melancolía, la soledad y la tristeza, aunque la gente no lo quiera ver, pueden crear también cosas hermosas.
Comenzó a jugar con sus pies, moviéndolos lenta y graciosamente como haciendo una coreografía donde ellos fueran la estrella. Tarareó una canción en francés que, aunque no sabía qué decía, le parecía que sonaba preciosa.
Después de un rato le comenzó a doler la espalda por estar en la misma posición. Se puso de lado y abrazó la almohada como si fuera un oso de peluche que la ayudaría a dormir más cómoda. Comenzó a relajarse y a dejarse llevar por el sueño y entonces, de la nada, sintió que la almohada era él e inconscientemente la acomodó de tal forma que fuera una réplica exacta de su anatomía. Se recostó en su pecho y su mente le regaló la sensación de aquel brazo conocido que la abrazaba tiernamente como diciéndole: Duerme, yo estaré a tu lado hasta que despiertes.
Hundió su nariz en la almohada e inhaló. Aunque no olía a él, ella conocía su fragancia tan bien que no necesitaba tenerlo cerca para poder percibirla. Entonces sonrió y sólo se entregó a esa memoria. A esa historia que no era una gran aventura pero que sí era un hermoso sueño donde no había que temer y donde podía regresar a quererlo como si nada hubiera pasado. Donde podía desenterrar aquel amor y librarlo de toda mancha para cobijarse los dos en él. Y entonces... Poco a poco... Sintió que su cuerpo pesaba menos... Sintió que estaba feliz... Y simplemente, en los brazos de aquel sueño... Finalmente cayó dormida...
No tenía sueño ni creía poder dormir, así que se quedó con los ojos abiertos en la oscuridad, tratando de encontrar formas nuevas en lo que eran sus alrededores ya conocidos pero que a la débil luz de la luna cambiaban y se transformaban en otros fantásticos. Buscaba algo con qué crear una historia. Siempre pensaba que sería genial dormirse inventando una aventura para dejar que su cerebro ya dormido, y por lo tanto sin límites, la continuara de manera extraordinaria, como ella nunca podría hacer estando despierta. No obstante, sabía que de suceder aquello, al despertar no recordaría nada y nunca podría comprobar si realmente alguna vez tuvo tan plácido sueño.
Cerró los ojos y se concentró en el sonido de la lluvia cayendo y golpeando su techo, se preguntó qué diría este si pudiera hablar. Seguramente protestaría por tener que quedarse cubriendo el sol, la lluvia, el granizo, la nieve... Aunque por otro lado ¿Y si al tejado le gustara su trabajo? ¿Y si le encantara poder sentir la caricia de los primeros rayos del amanecer? ¿Y si se burlaba de ella por no poder dormir bajo las gotas cristalinas que rara vez el cielo les ofrecía? ¿Qué tal si el techo estuviera enamorado del cielo nocturno y por cada una de las estrellas que hay ofreciera un suspiro ilusionado? Y el techo, si tuviera conciencia ¿Bostezaría y se estiraría también cada mañana como ella?
Imaginó entonces un techo con cuatro pilares en sus vértices. Lo imaginó estirándose como un gato que arquea el lomo. Lo imaginó emitiendo un bostezo y después volviendo a relajarse para dormir sostenido por las paredes.
De pronto notó que las gotas de lluvia dejaban de caer y ese sonido tan relajante de las gotas golpeteándolo todo, disminuía de volumen. Sintió lástima por la noche, y la imaginó como una mujer con un vestido negro y largo lleno de pequeños diamantes, que se baja de un hermoso carruaje antiguo al volver a casa luego de una maravillosa velada para simplemente reincorporarse a su vida cotidiana sin ningún tipo de emoción ni romance. Pobre noche, tan bella y tan menospreciada, pues la gente la desperdiciaba durmiendo y no admiraban su belleza ni respiraban el aroma de su perfume. Un aroma que contenía las más deliciosas y fragantes flores mezcladas con una inmensa melancolía. Y es que la melancolía, la soledad y la tristeza, aunque la gente no lo quiera ver, pueden crear también cosas hermosas.
Comenzó a jugar con sus pies, moviéndolos lenta y graciosamente como haciendo una coreografía donde ellos fueran la estrella. Tarareó una canción en francés que, aunque no sabía qué decía, le parecía que sonaba preciosa.
Después de un rato le comenzó a doler la espalda por estar en la misma posición. Se puso de lado y abrazó la almohada como si fuera un oso de peluche que la ayudaría a dormir más cómoda. Comenzó a relajarse y a dejarse llevar por el sueño y entonces, de la nada, sintió que la almohada era él e inconscientemente la acomodó de tal forma que fuera una réplica exacta de su anatomía. Se recostó en su pecho y su mente le regaló la sensación de aquel brazo conocido que la abrazaba tiernamente como diciéndole: Duerme, yo estaré a tu lado hasta que despiertes.
Hundió su nariz en la almohada e inhaló. Aunque no olía a él, ella conocía su fragancia tan bien que no necesitaba tenerlo cerca para poder percibirla. Entonces sonrió y sólo se entregó a esa memoria. A esa historia que no era una gran aventura pero que sí era un hermoso sueño donde no había que temer y donde podía regresar a quererlo como si nada hubiera pasado. Donde podía desenterrar aquel amor y librarlo de toda mancha para cobijarse los dos en él. Y entonces... Poco a poco... Sintió que su cuerpo pesaba menos... Sintió que estaba feliz... Y simplemente, en los brazos de aquel sueño... Finalmente cayó dormida...
Y crecí y entonces supe que no fui como planeaba
A veces me pregunto porqué ya casi no escribo ni pienso. A veces me pregunto porqué dejé de ser un ser racional y me convertí en un robot cuyo descanso tiene su propia rutina.
Me fui acostumbrando a buscar el placer que estaba a mi alcance, me acostumbré a comer, a ver tele, a ver series, a leer manga... Y todo eso está bien, son cosas me me gustan, pero ¿Por qué dejé de quebrarme la cabeza de tanto tratar de descifrar el mundo y a sus habitantes? ¿Por qué dejé de devorarme libros en un día o dos? ¿Por qué olvidé dejarme el alma en un dibujo, pasando horas y horas perfeccionándolo? ¿Por qué me acostumbré a tener una rutina? ¿Por qué cuando quiero descansar, en lugar de descansar, sólo cambio a otra de mis rutinas como quien cambia un cd?
Voy a la escuela, regreso, como, veo unas series, hago tarea, duermo... Despierto y hago lo mismo.
Me gusta salir, me gusta pensar mejor de mí, me gusta tratar de quereme más y me gusta salir con mis amigos.
Pero en otros aspectos yo era más, yo me preguntaba ¿Por qué?, yo observaba a la gente y los conocía aún sin haber hablado con ellos. Yo era más considerada. Yo me entretenía viendo cosas que los demás no notaban o que no les prestaban importancia, pero la gente lo ve raro, así que quizá sea mejor si dejo de hacerlo en público. Poco a poco, mientras ganaba unas cosas, me fui perdiendo. Extraño ser yo, extraño esa pasión que sentía al dibujar. Odio ser vacía, odio ser hueca, odio no pensar. Odio pasar los días dándome cuenta de que no tengo opinión con respecto a muchos temas porque no me doy el tiempo de repasarlos y pensar si hago bien en comportarme como lo hago.
Y me quejo, me quejo de todo. Me quejo del clima, me quejo de mi estado de ánimo, me quejo de la gente, me quejo de las formas, me quejo de las cosas, me quejo de que cualquier cosa sea diferente a como yo quiero. Y está bien quejarse... Pero quejarme no debería ser la única forma que tenga de expresarme.
Odio no hacer nada productivo en mi tiempo libre. Odio no hacer nada que me sirva de algo que no sea sólo momentáneo. Odio ver cómo voy perdiendo mi habilidad para dibujar... Odio como ya no puedo escribir como antes... Odio como mi cuerpo se va deteriorando y ablandando por la falta de uso.
¿Y saben porqué "no escribo"? Porque no tengo tiempo, porque es más fácil entretenerse con otras cosas. Porque no me da la gana, realmente.
Siento que si es algo que disfruto, debería hacerlo más. Y debería volver a apreciar el tiempo a solas, y debería despegarme las sábanas y debería dejar de buscar qué hacer cuando hay tanto a mí alrededor pidiéndome atención a gritos.
Odio como me fui perdiendo y acostumbrando, como me dijo una vez alguien: adaptarme. Odio como me perdí en el proceso. Porque claro, antes yo no hablaba con nadie, antes era sólo una observadora a distancia. Pero ahora que quiero participar, creo que debería seguir siendo yo y debería aportar algo a lo que me rodea. Debería decir cosas buenas en lugar de quejarme de lo que ya está y no puedo controlar.
No se supone que yo fuera así ¿Qué me pasó? Creo que poco a poco me voy recuperando, pero a veces simplemente no me comprendo. Aunque dudo ser la única.
Espero poder despertar las partes buenas que fueron sedadas para poder encajar con los demás, y espero seguir mejorando y conservar las cosas buenas que he ido ganando, aprendiendo y desarrollando.
Me fui acostumbrando a buscar el placer que estaba a mi alcance, me acostumbré a comer, a ver tele, a ver series, a leer manga... Y todo eso está bien, son cosas me me gustan, pero ¿Por qué dejé de quebrarme la cabeza de tanto tratar de descifrar el mundo y a sus habitantes? ¿Por qué dejé de devorarme libros en un día o dos? ¿Por qué olvidé dejarme el alma en un dibujo, pasando horas y horas perfeccionándolo? ¿Por qué me acostumbré a tener una rutina? ¿Por qué cuando quiero descansar, en lugar de descansar, sólo cambio a otra de mis rutinas como quien cambia un cd?
Voy a la escuela, regreso, como, veo unas series, hago tarea, duermo... Despierto y hago lo mismo.
Me gusta salir, me gusta pensar mejor de mí, me gusta tratar de quereme más y me gusta salir con mis amigos.
Pero en otros aspectos yo era más, yo me preguntaba ¿Por qué?, yo observaba a la gente y los conocía aún sin haber hablado con ellos. Yo era más considerada. Yo me entretenía viendo cosas que los demás no notaban o que no les prestaban importancia, pero la gente lo ve raro, así que quizá sea mejor si dejo de hacerlo en público. Poco a poco, mientras ganaba unas cosas, me fui perdiendo. Extraño ser yo, extraño esa pasión que sentía al dibujar. Odio ser vacía, odio ser hueca, odio no pensar. Odio pasar los días dándome cuenta de que no tengo opinión con respecto a muchos temas porque no me doy el tiempo de repasarlos y pensar si hago bien en comportarme como lo hago.
Y me quejo, me quejo de todo. Me quejo del clima, me quejo de mi estado de ánimo, me quejo de la gente, me quejo de las formas, me quejo de las cosas, me quejo de que cualquier cosa sea diferente a como yo quiero. Y está bien quejarse... Pero quejarme no debería ser la única forma que tenga de expresarme.
Odio no hacer nada productivo en mi tiempo libre. Odio no hacer nada que me sirva de algo que no sea sólo momentáneo. Odio ver cómo voy perdiendo mi habilidad para dibujar... Odio como ya no puedo escribir como antes... Odio como mi cuerpo se va deteriorando y ablandando por la falta de uso.
¿Y saben porqué "no escribo"? Porque no tengo tiempo, porque es más fácil entretenerse con otras cosas. Porque no me da la gana, realmente.
Siento que si es algo que disfruto, debería hacerlo más. Y debería volver a apreciar el tiempo a solas, y debería despegarme las sábanas y debería dejar de buscar qué hacer cuando hay tanto a mí alrededor pidiéndome atención a gritos.
Odio como me fui perdiendo y acostumbrando, como me dijo una vez alguien: adaptarme. Odio como me perdí en el proceso. Porque claro, antes yo no hablaba con nadie, antes era sólo una observadora a distancia. Pero ahora que quiero participar, creo que debería seguir siendo yo y debería aportar algo a lo que me rodea. Debería decir cosas buenas en lugar de quejarme de lo que ya está y no puedo controlar.
No se supone que yo fuera así ¿Qué me pasó? Creo que poco a poco me voy recuperando, pero a veces simplemente no me comprendo. Aunque dudo ser la única.
Espero poder despertar las partes buenas que fueron sedadas para poder encajar con los demás, y espero seguir mejorando y conservar las cosas buenas que he ido ganando, aprendiendo y desarrollando.
lunes, 20 de mayo de 2013
No es justo
No es justo que por ser mujer tenga que casarme con alguien que se ocupe de mí.
No es justo que se espere de mí, como si fuera mi obligación, que en un futuro lleve en mis entrañas al producto de esa relación, sana o no, sólo porque tengo la capacidad de llevar otra vida dentro de mi vientre.
No es justo que por ser mujer tenga que sentarme a llorar los problemas en lugar de remangarme la blusa y meterme al fango para arreglarlos.
No es justo que cuando me valgo de mi propia mano para solucionar las cosas, se me robe mi femineidad porque eso "es cosa de hombres".
No es justo que las abuelas enseñen a las madres a ser dependientes de los hombres y que después las madres transmitan eso a sus hijas.
No es justo que las mismas mujeres vean a otras por encima del hombro sólo porque pueden arreglar sus problemas.
No es justo que a mí no se me trate con cuidado porque soy de uso rudo.
No es justo que se me lastime porque yo no hago un berrinche para que me rueguen.
No es justo que por no hacer un berrinche piensen que soy de roca y no siento.
No es justo que la gente me traicione una y otra vez porque los perdono fácilmente.
No es justo que me dejen sola porque, a diferencia de otras mujeres, me gusta buscar una solución cuando necesito algo.
No es justo que por no ponerme faldas y tacones se piense que no me pueden gustar los hombres, cuando si no tengo a nadie, es porque ellos no me quieren.
No es justo que me roben el derecho a ser llamada "bonita" o a ser tierna.
No es justo que por tratar de ser fuerte no se me permita llorar y tener momentos de debilidad.
No es justo que me desprecien con la mirada.
No es justo que me traten como si fuera un hombre.
No es justo que me toque jugar a ser "el sexo débil" cuando yo no quiero ser débil...
No es justo que se espere de mí, como si fuera mi obligación, que en un futuro lleve en mis entrañas al producto de esa relación, sana o no, sólo porque tengo la capacidad de llevar otra vida dentro de mi vientre.
No es justo que por ser mujer tenga que sentarme a llorar los problemas en lugar de remangarme la blusa y meterme al fango para arreglarlos.
No es justo que cuando me valgo de mi propia mano para solucionar las cosas, se me robe mi femineidad porque eso "es cosa de hombres".
No es justo que las abuelas enseñen a las madres a ser dependientes de los hombres y que después las madres transmitan eso a sus hijas.
No es justo que las mismas mujeres vean a otras por encima del hombro sólo porque pueden arreglar sus problemas.
No es justo que a mí no se me trate con cuidado porque soy de uso rudo.
No es justo que se me lastime porque yo no hago un berrinche para que me rueguen.
No es justo que por no hacer un berrinche piensen que soy de roca y no siento.
No es justo que la gente me traicione una y otra vez porque los perdono fácilmente.
No es justo que me dejen sola porque, a diferencia de otras mujeres, me gusta buscar una solución cuando necesito algo.
No es justo que por no ponerme faldas y tacones se piense que no me pueden gustar los hombres, cuando si no tengo a nadie, es porque ellos no me quieren.
No es justo que me roben el derecho a ser llamada "bonita" o a ser tierna.
No es justo que por tratar de ser fuerte no se me permita llorar y tener momentos de debilidad.
No es justo que me desprecien con la mirada.
No es justo que me traten como si fuera un hombre.
No es justo que me toque jugar a ser "el sexo débil" cuando yo no quiero ser débil...
sábado, 18 de mayo de 2013
Sábado
Los sábados no puedo evitar buscarte con la mirada y la mente al saberte tan cerca. Al saber que estamos tan sólo a una explanada de distancia.
Y voy y me adentro a tus terrenos, camino despacio sintiendo cada paso, absorbiendo cada color, cada olor, memorizando cada sombra y figura para poder buscarte entre ellas. Siendo sinceros, no sé para qué te busco. Dudo que una felicidad ya muy antigua justifique todas estas calamidades.
Y no obstante, no puedo evitar que mis ojos miren de un lado a otro para buscarte... Lo único que puedo hacer es detener mis manos para evitar que te acaricien y apretar mis labios para que no busquen a los tuyos.
Yo te quiero pero no te quiero. Si, sé que no me entiendes, por favor permite que te explique... Te quiero porque me importas, porque te extraño, porque te anhelo... Porque deseo con fervor que nada hubiese sucedido y tus sentimientos hacia mí no se hubieran agotado... Sin embargo, no te quiero porque por ti he llorado tanto y tantas veces... Por ti casi me muero, por ti estoy vacía... Y además de todo te desprecio con locura...
domingo, 12 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
Después de ti, después de mí
Yo siempre traté de cuidar de mí misma. Aunque necesitaba quien me escuchara y quería sentir que le importaba a alguien, a fin de cuentas desde muy pequeña era Rocío quien cuidaba de Rocío. Nadie más.
Yo podía sobrellevar los problemas y, de alguna manera u otra, lograba sobrevivir y salir adelante. Yo me esforzaba por ser feliz, y aunque no lo fuera mucho, al menos sabía que en caso de necesitarlo podía ser fuerte...
Y no fue sino hasta que dejaste de ser mi cielo que comprendí lo que en realidad significaba necesitar a alguien.
Estando contigo sentía que te necesitaba, si, pero era una manera distinta de necesitar. Más que necesitarte, era quererte. Pero cuando te fuiste... ¡Oh! Cuando te fuiste yo me quedé tendida en el suelo llena de tierra como si fuese un trapo viejo que nadie quiere ni querrá nunca más.
Fue cuando tuve que arreglármelas yo sola que me di cuenta de lo inútil que me había vuelto.
Fue hasta ese entonces que noté que ya no tenía la misma fortaleza que antes porque pues... No la había necesitado tanto desde hace mucho tiempo. Siempre estabas tú conmigo, siempre sabía que podías darme fuerzas si me faltaban...
Fue cuando me quedé sola y abandonada a media carretera que la soledad y la depresión me volvieron a encontrar. Y como una prostituta que escapa del burdel, me golpearon hasta dejarme medio muerta por atreverme a soñar. Por huir de ellas pensando que un buen hombre se enamoró de mí y me alejaría de esa vida. Vinieron y me golpearon hasta dejarme el cuerpo molido y completamente púrpura. Y después de eso se mofaron de mí al ver que había perdido mi corazón, fue como si me hubieran dicho:
Yo podía sobrellevar los problemas y, de alguna manera u otra, lograba sobrevivir y salir adelante. Yo me esforzaba por ser feliz, y aunque no lo fuera mucho, al menos sabía que en caso de necesitarlo podía ser fuerte...
Y no fue sino hasta que dejaste de ser mi cielo que comprendí lo que en realidad significaba necesitar a alguien.
Estando contigo sentía que te necesitaba, si, pero era una manera distinta de necesitar. Más que necesitarte, era quererte. Pero cuando te fuiste... ¡Oh! Cuando te fuiste yo me quedé tendida en el suelo llena de tierra como si fuese un trapo viejo que nadie quiere ni querrá nunca más.
Fue cuando tuve que arreglármelas yo sola que me di cuenta de lo inútil que me había vuelto.
Fue hasta ese entonces que noté que ya no tenía la misma fortaleza que antes porque pues... No la había necesitado tanto desde hace mucho tiempo. Siempre estabas tú conmigo, siempre sabía que podías darme fuerzas si me faltaban...
Fue cuando me quedé sola y abandonada a media carretera que la soledad y la depresión me volvieron a encontrar. Y como una prostituta que escapa del burdel, me golpearon hasta dejarme medio muerta por atreverme a soñar. Por huir de ellas pensando que un buen hombre se enamoró de mí y me alejaría de esa vida. Vinieron y me golpearon hasta dejarme el cuerpo molido y completamente púrpura. Y después de eso se mofaron de mí al ver que había perdido mi corazón, fue como si me hubieran dicho:
-Después de esto nunca más serás capaz de huir, tú nos perteneces y no dejaremos que vayas a ningún otro lugar. Y ahora, niñita estúpida, niñita tonta... Ahora nunca más serás capaz de soñar... JajajajaLa soledad duele mucho cuando regresa, luego de que estás segura de que no la volverás a sentir... Duele incluso más que la primera vez porque no se da de forma gradual, sino que llega de manera explosiva a hacerte sufrir... A recordarte que no serás feliz, no importa cuántos años pasen o cuánto te esfuerces...
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